Isla, Ver.- Katy López Salgado, es una hondureña de 32 años. Desde que se enteró de la organización de la Caravana de Inmigrantes, no dudó en integrarse.

“Mi hermana fue la que me animó a venirme con ella, yo no quería, pero al ver que la situación económica empeora cada vez más en mi país, es como decidí a venirme”, comentó.

Ella, es madre soltera. Tiene cuatro hijos: Rosario, de 10 años; Milagro, de 6; Samantha, de 4; y Gabriel, de 3 años. En Honduras, trabajaba de 7 de la mañana a 5 de la tarde como empleada doméstica.

“Me pagaban, en pesos mexicanos, serían como 400 a la semana, y no me daba para alimentar bien a mis hijos. Decidí venirme únicamente con mi hija Milagro, los demás los dejé con mi familia para ver cómo nos va”, explica.

De Honduras, tuvo que viajar junta a más personas hacia Guatemala, donde se unió a otros inmigrantes de ese país para poder ingresar a territorio mexicano, “desde que salimos de mi casa, gracias a Dios siempre nos dieron rai; hemos viajado en autobuses y en camiones”, aclara.

katy, recuerda específicamente un camión que les dió el “aventón” cuando se trasladaban del Estado de Chiapas hacia Veracruz.

“Era un camión de esos llamado jaula, donde suben las vacas. El conductor se paró para darnos el rai. Una señora me hizo el favor de llevarse a mi hija en la cabina, pero a la hora en que yo me iba a subir, ya ve que está altísimo, el conductor arrancó y me estaba cayendo”, recuerda.

Con lágrimas en los ojos, la joven mujer se sincera, “me dió mucho miedo, ganas de llorar, pensé que me iba a morir. Nunca lo había hecho. Gracias a Dios que unos señores me agarraron y me ayudaron a subir”.

Aún así, ella continúa con su camino junta a su hija y su hermana, a pesar de las promesas falsas del gobierno del estado y del mexicano de brindarles un libre tránsito, “en el municipio de Sayula nos dijeron que nos iban a mandar autobuses y nada, todo fue mentira, nos vienen engañando”, lamenta.

Hoy, a través de “rai”, como le dice, Katy, su hija y su hermana, se encuentra en el Salón Social de esta ciudad juntos con el resto de los inmigrantes que conforman la caravana.

“Me duele ver a mi hija sufriendo al sol y al agua. Esperamos que valga la pena nuestra salida del país, porque todos estamos arriesgando nuestra vida”, señala.

El apoyo solidario de la sociedad isleña y de las autoridades ha sido de gran dimensión para que esta noche los inmigrantes puedan descansar en este ciudad, tomar agua, café, refrescos o comer, y el día de mañana puedan continuar con su camino hacia el sueño americano.

“Para mí el futuro es incierto, hoy estamos aquí, y mañana quién sabe. Solamente le pido a Dios que no nos pase nada y que siempre esté con nosotros en este camino”, concluyó.