* Don “Chava”, quien desde hace 42 años se dedica a la venta de billetes de la Lotería Nacional, manifiesta que el COVID-19 es la pandemia más perjudicial que el país ha sufrido, incluso, dice, supera la gripe porcina o H1N1 que paralizó a México en el 2009

 

En el municipio de Ciudad Isla, Veracruz, la pandemia del coronavirus (COVID-19) está afectando severamente la economía de los ciudadanos, asegura don Salvador Nieves Orozco, quien desde hace 42 años, se dedica a la venta de billetes de la Lotería Nacional (LOTENAL).

 

“Las ventas han bajado mucho, casi a la mitad, porque no hay dinero circulante en el pueblo. Se vinieron abajo todos los negocios. En los restaurantes, donde venimos a vender, están vacíos”, expone.

 

Don “Chava”, como es cariñosamente conocido, cuenta con 73 años de edad, y desde que tiene uso de razón, recuerda que el COVID-19 es la pandemia más perjudicial que el país ha sufrido, incluso, dice, supera la gripe porcina o H1N1 que paralizó a México en el 2009.

 

“El viernes 27 de marzo fue el último sorteo que la Lotería Nacional realizó. Detuvo la venta de todos los billetes. Eso nunca había pasado. Solamente se están vendiendo para el Sorteo del Avión Presidencial, que es para el 15 de septiembre”, señaló.

 

Hoy, don Salvador, salió de su domicilio ubicado en el municipio de Juan Rodríguez Clara, Veracruz, a las 10 de la mañana, como normalmente lo hace a diario, vestido de pantalón de color café y una camisa pilipina de color rojo, y su sombrero, que no puede faltar, para cubrirse el sol. Pasa a ver a unos “clientes”, como él los llama, y luego se traslada a Ciudad Isla, que se encuentra a una distancia de entre 20 a 30 minutos.

 

“Antes recorría toda la región, pero desde que me accidenté, sólo vendo en Isla y Rodríguez. Entre ayer y hoy, solamente he vendido seis ‘cachitos’ del sorteo para el avión, de 500 pesos, casi no se vende porque vale más caro”, manifiesta.

 

Don Salvador, para quienes no lo conocen, es una persona de tez morena, cuerpo robusto y de aproximadamente 1.50 metros de estatura. Es carismático, muy sencillo, y siempre trae su mochila, donde guarda los billetes y los resultados de los sorteos. Lo ubica a un costado del Banco Santarder Serfín.

 

“Como todos, siempre salgo con la esperanza de vender y poder llevar el pan de cada día a mi hogar. Ahorita, por la necesidad, solamente salgo a vender los billetes para el sorteo del avión. Ojalá y no empeore esto, pero ya Dios dirá”, finalizó.