¿Qué es la vida? La vida del hombre es la materialización de un pensamiento divino, es un regalo divino, es el resultado de la decisión del ser supremo de compartir lo suyo con otros seres vivientes de libre voluntad, de compartir una eternidad que trasciende el tiempo y el espacio, de compartir su universo pasado, presente y futuro, de compartir un potencial de desarrollo tan alto que es difícil de imaginar.

La vida del hombre es aliento, movimiento, simiente, es sueño, realidad, poder, debilidad, es fuerte, frágil, segura, vulnerable, emocionante, apasionante, romántica, sola y fría, es lealtad, es traición, alegría, tristeza, predecible e impredecible, es cambiante, corta, larga, y es muchas cosas más.

¿Qué es amar la vida? Amar la vida de verdad principia cuando uno comienza a conocer la fuente de la vida, cuando uno empieza a entender que la vida de uno fue creada con un propósito, y que El Creador ha puesto muchos grandes poderes en manos de todo hombre. Amar la vida es amar aprender, crecer, conocer, el afecto y el tacto, conocer nuevas experiencias, conocer quiénes somos, de dónde venimos, qué estamos haciendo aquí y para dónde vamos, es conocer cada vez más el amor, el gozo y la paz.

Amar la vida es amar pensar más profundamente, es crear, probar otras cosas, observar, meditar, percibir, contemplar. Poca gente ama la vida. Pocos aman la esencia de la vida. Muchos aman los aspectos superficiales y externos de la vida más no conocen la extensión, el alcance, la profundidad y la grandeza de la vida que Dios ha dado al hombre.

¿Cómo amar la vida que Dios nos dio? Primeramente es aprender a amar a Dios. Esto es algo que solamente se consigue con un mayor conocimiento de Dios. Es imposible conocerle y no amarle. Si le amas poco es porque le has conocido poco, si le amas mucho es porque le has conocido mucho. Todos tenemos la gran oportunidad de conocer la palabra de Dios, la presencia de Dios, el Espíritu de Dios y muchas virtudes y atributos de Dios. Pero parece que la gran mayoría de los seres humanos no aprovecha esa oportunidad.

Para aprovechar esa oportunidad, hay que estar quietos y escuchar. Hay que aprender a escuchar el sonido del cielo, un silbido apacible, un sonido distinto a todos los demás sonidos, hay que saber apagar el ruido de este mundo y sintonizar al Espíritu de Dios. Es místico pero es real, es subjetivo pero es objetivo también, es difícil pero fácil a la vez. El que desarrolla un oído espiritual oye cosas que le revelan a Dios y que lo enamoran de Él.

Aquel que aprende a oír a Dios aprende a amarlo. El que, en medio de las tormentas de la vida, oye a Dios decirle, “no temas, yo estoy contigo”, llega a amar esa voz y a la persona detrás de esa voz. El que, en el abandono de otros y en el dolor de la soledad, escucha a Dios decirle, “Mi vida di por ti un día y mi amor por ti no ha cambiado, tu eres mi tesoro especial”, entiende que Dios le ha amado con amor eterno. Piensa y medita amigo: ¿amas la vida que Dios te ha dado?.