lunes, septiembre 20, 2021
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Cuida a tus hermanos y cuida de mí; Te juro que voy hacer justicia: Dora María a su hijo José Eduardo

Desde donde quiera que estés, cuida a tus hermanos y cuida de mí. Haré que se haga justicia. Te juro que voy hacer justicia. Te lo juro que sí. Sabes que tu madre, lo que promete, lo cumple”, exclamó Dora María Ravelo Echevarría al dar el último adiós al cuerpo de su hijo José Eduardo “El Güero”, quien fue sepultado cerca de la una de la tarde de este domingo, en el Panteón Municipal de Ciudad Isla, Veracruz.

El cuerpo de José Eduardo Ravelo Echevarría, quien perdiera la vida tras ser vilmente golpeado por elementos de la Policía Municipal de Mérida, Yucatán, fue velado en la vivienda que lo vio crecer: una casa sencilla, color blanco, con pared de material rustico y láminas de zinc, ubicada en la avenida Niño Perdido con la calle Aldama, en el Barrio La Gravera, hasta donde llegaron conocidos, amigos y familiares, para dar el pésame.

Cerca de las diez de la mañana de este domingo, el féretro de metal, color gris, donde fue depositado los restos de José Eduardo, fue subido a una carroza de la “Funeraria Nieves”: una camioneta marca Chrysler, tipo Voyager, color rojo, para trasladar el cuerpo a la Iglesia Evangelical Independiente de México “Casa de Oración”, que se encuentra en la avenida Benito Juárez entre Miguel Hidalgo y Venustiano Carranza, en la Colonia Centro de Ciudad Isla.

“José Eduardo ha partido de esta tierra. Hoy lamentamos la pérdida de este joven. Si yo le hablo, no nos puede escuchar. Si le digo: aceptas a Jesucristo, quieres vivir una vida al lado de Jesucristo, pueda que no responda, pero ustedes sí escuchan sobre el plan de salvación que Jesús nos ofrece”, expresó el pastor Gerson Octavo Fernández, durante el “Culto Fúnebre” ofrecido en cuerpo presente.

En el culto que fue llenado de cantos, oraciones y alabanzas, el pastor Gerson Octavo citó pasajes bíblicos en alusión a la muerte y a la resurrección. “Porque nosotros sabemos o entendemos que Él es el pan de vida, que es quien puede dar vida. La Palabra también nos dice que Él traerá a los muertos a la vida, y unos se levantarán, y los que hicieron bien, saldrán a la resurrección de bien, y los que hicieron mal, a la resurrección de condenación”.

Posteriormente, el cuerpo de “El Güero” fue llevado al Parque Municipal para estar por última vez en el puesto de metal, color amarillo, rotulado con la forma de una piña, donde ayudó a su mamá Dora María a vender, por varios años, dulces, refrescos, galletas, entre otros productos, aún, antes de irse en busca de trabajo. “Fue el puesto que tú pintaste, mejor te hubieras quedado aquí”, expresó con llantos su madre, al tiempo que abrazaba e inclinaba su cabeza sobre el ataúd.

“Era un joven tranquilo, amable, con todo mundo se llevaba. No era grosero. Fue un joven alegre, trabajador, siempre en su pensamiento traía en sacar a su familia y a su madre adelante. Lo conocía desde hace tiempo. Es muy triste, conmovida, la verdad, por la situación. No esperábamos que se fuera a trabajar y regresara de esta manera, en un ataúd”, lamentó Marisol Chávez Giménez, propietaria de otro establecimiento.

Minutos más tarde, en medio de dolor, y a la vez, de consternación e impotencia, ante el cobarde hecho, el cuerpo de José Eduardo fue trasladado al cementerio para darle cristiana sepultura. El féretro permaneció por un breve momento en el Área de Descanso, y luego, llevado a la fosa, donde le fue arrojado flores, ramos y puñados de tierra.

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